4 sep 2009

La Paz, Puerto de ilusión...






Esta canción, "Puerto de ilusión", llega muy profundo en mi espíritu y el escucharla todavía evoca en mi interior una mezcla de emociones que tuve mientras iba procesando y superando una deprimente crisis en mi vida, hace ya algún tiempo.

Quien no ha tenido una crisis vivencial en algún punto de su vida, no puede imaginarse siquiera el doloroso caos que se sufre y que puede llevarnos a la autodestrucción física, moral y espiritual a quienes pasamos por algo así... Cuando te encuentras en algún momento en el que no sabes ni qué rollo con tu vida, que estás todo confuso... que ya no sabes ni quién eres, es decir, qué rol estás cumpliendo en esta vida... vas y vienes, y sigues una rutina, pero a cada momento te preguntas: ¿Qué? y ahora qué sigue?

Y, bueno, creo que eso es una crisis existencial, la cual muchas veces viene acompañada de un fuerte dolor interno, una depresión. Quizá empezamos a plantearnos o replantearnos algunos asuntos de nuestra vida, no sé, tal vez creencias, rutinas, "caminos de la vida" que hasta entonces dabamos por hechos incuestionables y seguiamos mansamente sin replicar, estuviesemos o no convencidos de que eso nos hacía bien.

También en este tipo de crisis, muchas personas llegan a plantearse seriamente el suicidio pues sienten que realmente nada tiene sentido, que no hay diferencia entre morir ahora o en el futuro, que de cualquier forma terminaremos muriendo, y en este juego del sinsentido, podemos perder la noción de lo importante, es decir, no logramos asumir la importancia de "la calidad de la vida", ni apreciamos la esencia de lo que estamos logrando o queremos alcanzar a realizar... Hasta puede ser que la vida en si misma llegue a ser un continuo sufrimiento, el cual buscamos aliviar, queremos escapar de ese sufrimiento...

Vaya! creo que me he puesto muy filosófica hoy... y también algo nostálgica al recordar mi primer viaje a La Paz, porque lo hice justo en una crisis que experimenté en aquellos años y cuando desesperadamente necesitaba un lugar tranquilo para reencontrarme de nuevo conmigo misma. Nadie sabrá nunca hasta qué punto caí en ese abismo existencial, depresivo y autodestructivo que me abatía antes de iniciar el viaje...

Recuerdo que mientras viajaba, observando, pensando, dejando fluir mis sensaciones, aprendiendo a reconocer las reacciones de mi propio ser... quizá hasta jugando un poco con el peligro... así fue que poco a poco desenmarañaba mis agitados pensamientos al ir descubriendo que tenía conflictos internos sin resolver pero que ahora podría finalizarlos y sacarlos de mi vida... y entonces supe que alguna puerta en mi pasado no se había cerrado bien y por ahí se colaba una corriente de dolor callado, una intíma angustia e insatisfacción personal.

Ahora, varios años después, puedo recordar con gusto ese viaje, mis andancias en autobús, en ferry y caminando... Pasaba horas andando por las playas, sola y mi alma, meditando en lo que había dejado en casa, atisbando en lo que podía esperar del futuro, pero sobretodo, tomando conciencia de que el dolor del pasado y lo incierto del futuro tan solo dependían de mí misma, de tomar las riendas de mi propia vida.

Cuando regresé a casa, había superado la crisis y me sentía fuerte, independiente, tranquila y feliz, lista para retomar el lugar que yo misma había elegido: al lado de mi familia, lista para trabajar en equipo, haciendo un frente común a los retos de la vida, valorando mucho más que nunca lo que tengo: mi familia, mis amigos, mi salud y, muy especialmente, el amor de un gran hombre que esperó pacientemente a que yo volviera a ubicarme en esta vida y que estuvo ahí siempre, con el corazón y brazos abiertos para recibirme de nuevo... Desde entonce supe que jamás, que nunca más quiero separarme de él... Luego de superar la crisis, nuestro relación ha llegado a ser tan fuerte que bien puede ser que ni el fuego mismo podría destruir el lazo de amor pleno e incondicional que ahora une nuestros corazones.

Sí, La Paz es un puerto de ilusión, un lugar especial para disfrutar de tranquilidad... y en mi caso, fue también un lugar para encontrar paz para mi corazón, para crecer y fortalecer mi alma y mi vida y así, regresar con nuevos bríos a contribuir en brindar apoyo y bienestar a mi familia.







Este escrito lo dedico con mucho cariño a mi
hermana Verónica, a quien le digo: Gracias!
Gracias por tu hospitalidad y tu generosidad
al recibirme y brindarme tu apoyo en esa etapa.




No hay comentarios.: